Siete generaciones de un ryokan: la historia familiar de Tofuya Ryokan en Onogawa Onsen
- 投稿日:
- 2026年10月24日

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Cómo una posada a la que antes llamaban “la casa del tofu” ha seguido en manos de una misma familia
Suzu no Yado Tofuya Ryokan · Naoto Endo, 7.ª generación

Onogawa Onsen es un pueblo de aguas termales con 1.200 años de historia. Se encuentra en las montañas de Yonezawa, en la prefectura de Yamagata. En este pueblo, una misma familia ha llevado una posada durante siete generaciones. Esa posada es Tofuya Ryokan.
1.ª generación · Heizaburo (fechas desconocidas)
De “Aizu-ya” a “la casa del tofu”
Nuestra historia comienza en el período Edo (1603–1868). El primer señor de la casa, Heizaburo, llamó a su posada “Aizu-ya”. Aizu es el nombre de la región que queda al otro lado de las montañas.
En aquella época, Onogawa Onsen empezaba a animarse. Heizaburo hacía tofu y se lo servía a los artesanos que trabajaban en el pueblo. Al poco tiempo, la gente empezó a llamar a la posada “Tofu-ya”: la casa del tofu. Nuestro nombre nos lo dieron nuestros huéspedes.
No quedan registros de las generaciones entre Heizaburo y el siguiente señor de la casa. Otros debieron de llevar la posada en esos años, pero no podemos seguir su rastro. La razón está en el capítulo siguiente.
1901 · El gran incendio
El día en que ardió el pueblo
En 1901, un gran incendio arrasó Onogawa Onsen. Casi todo el pueblo termal quedó reducido a cenizas. Tofu-ya también ardió, y la posada dejó de existir durante un tiempo.
El fuego llegó también al templo. El templo guardaba un registro con los nombres y las fechas de defunción de los habitantes del pueblo, llamado kakochō. Se perdió en el incendio. Por eso no conocemos los nombres de nuestra familia entre Heizaburo y Chonosuke.

Si pasea hoy por Onogawa, quizá note algo. Es un pueblo termal de estilo antiguo y, sin embargo, la calle es ancha. Se hizo así para que el fuego no pudiera saltar a la casa de enfrente. Es la lección que el pueblo aprendió del incendio.
Onogawa Onsen ha sobrevivido a dos grandes incendios. Cada vez, todas las posadas pasaron apuros. Y cada vez, el pueblo volvió a encender sus faroles sobre las aguas termales.

2.ª generación · Chonosuke Endo (1871–1923)
Reconstruir desde las cenizas

Al año siguiente del incendio, Chonosuke y su esposa Yae hicieron renacer la posada. Chonosuke la reconstruyó con ideas nuevas. Lo llamamos el que “hizo renacer la casa”.
Una de sus ideas tuvo que ver con las goze. Las goze eran mujeres ciegas que viajaban de pueblo en pueblo tocando el shamisen y cantando. Puede que algunos lectores las conozcan por la novela y la película Ballad of Orin (1977, dirigida por Masahiro Shinoda).
→ Sobre la película (Wikipedia en inglés) → Ver el tráiler (en japonés)
Chonosuke dejaba que las goze se alojaran gratis. A cambio, ellas hablaban de Tofu-ya allá adonde iban. El boca a boca de quienes viajaban a pie se convirtió en la publicidad de la posada.
Con el tiempo, Chonosuke decidió darle un nuevo nombre a la posada. Se lo pidió a Shuta Tominaga, profesor del instituto femenino de Yonezawa. El señor Tominaga propuso “登府屋”. Se sigue leyendo “Tofuya”, pero el primer carácter significa “subir”. Encierra un deseo: que las aguas termales restauren su cuerpo y su mente, y que su vida suba un peldaño más.


Chonosuke también conoció la tristeza. Perdió a sus tres hijos cuando eran pequeños. La posada no tenía heredero.
Chonosuke pagó los estudios del hijo de un vecino y lo ayudó a hacerse carpintero. Quizá esperaba que algún día aquel joven ayudara a construir y cuidar Tofuya.
3.ª generación · Yae Endo (1874–1938)
Al frente de la posada, sola

Tras la muerte de Chonosuke, su esposa Yae llevó la posada ella sola. Lo hizo durante unos quince años.

4.ª generación · Sei Endo (1897–1986)
La esposa de un jefe de policía se convierte en posadera

La sucesora de Yae fue su sobrina, Sei.
El marido de Sei, Shinjiro Endo, nació en 1889, segundo hijo de la familia Endo, una familia de antiguo rango samurái (shizoku). Se licenció en la Universidad Meiji y, de joven, sirvió en la Guardia Imperial que protegía al emperador Meiji. Más tarde fue jefe de policía en comisarías de toda la prefectura de Yamagata, entre ellas Tsuruoka, Nagai y Yonezawa. Murió en 1947.

Se esperaba que Sei viviera como esposa de un jefe de policía. Pero, por un giro inesperado de los acontecimientos, se hizo cargo de una posada. Lo aceptó para que la posada de su familia no desapareciera.

5.ª generación · Hideo Endo (1925–2002)
La agitación de la guerra y “la posada de las campanillas”

Hideo nació en la familia de un jefe de policía, el segundo de ocho hermanos. De joven ingresó en el ejército y fue enviado a la guerra.
Después de la guerra, Hideo se casó con la hija del alcalde de la aldea de Wago (hoy, el suroeste de la ciudad de Nan’yo) y se hizo cargo de la posada. Los años de la guerra y la posguerra fueron los más turbulentos del Japón moderno. A través de todos ellos, Hideo logró mantener viva la posada.


Su esposa, la okami (anfitriona) de la posada, empezó a coleccionar campanillas. El sonido de las campanillas se convirtió en el sonido que daba la bienvenida a los viajeros. Y así Tofuya llegó a conocerse como “Suzu no Yado”: la posada de las campanillas.
6.ª generación · Shosaku Endo (1945–2013)
Una reconstrucción completa y trabajo por el pueblo

Shosaku nació en 1945, el año en que terminó la guerra, en una granja de la prefectura de Tochigi. Era el séptimo hijo varón de nueve hermanos. De joven trabajó como hotelero en el Nasu View Hotel. Más tarde se casó y entró en la familia Endo, tomando su apellido, y se hizo cargo de la posada.


En 1994 reconstruyó la posada desde los cimientos. También estableció alianzas con grandes empresas de viajes como JTB y JR. Además, trabajó mucho por el pueblo, y en una ocasión trajo a Onogawa un rally de coches clásicos.


La gente llamaba a Shosaku “el Doctor Setas”. Sabía tanto de setas silvestres de montaña que los vecinos le traían las que habían recogido para preguntarle si se podían comer sin peligro.


Entonces Shosaku enfermó y empezó a usar silla de ruedas. El testigo de la posada pasó de repente a mis manos.
Pero, como mi padre ahora iba en silla de ruedas, me di cuenta de algo: para quien usa silla de ruedas, un ryokan está lleno de escalones. Así empezó Tofuya a convertirse en una posada sin barreras.
7.ª generación · Naoto Endo (1976–)
Nacido para el ryokan

Nací en Yonezawa en 1976. Desde la era Meiji, fui el primer heredero en mucho tiempo que nacía como hijo de la posada.
Crecí pensando que hacerme cargo de la posada era, sencillamente, lo que haría. Nunca pensé en otra cosa.
Después de la universidad, trabajé en una consultora. Luego pasé un año viajando por Australia.


Busqué por mi cuenta lugares donde formarme como posadero. Cuando me alojé en Sansuikaku, en Nasu Onsen, me asombró su hospitalidad. Escribí una carta pidiendo: “Por favor, déjenme trabajar aquí”, y tuvieron la amabilidad de aceptarme.
Quería aprender en una posada más, así que también escribí a Shinmeikan, en Kurokawa Onsen (Kumamoto). Todo el pueblo de Kurokawa había trabajado unido para convertir una pequeña aldea termal en uno de los destinos de onsen más populares de Japón. En el centro de ese esfuerzo estaba Tetsuya Goto, de Shinmeikan.


La respuesta del señor Goto no fue la que yo esperaba.
“En lugar de trabajar aquí, deje que sea yo quien vaya a ver su posada.”
Y de verdad vino a Onogawa. Miró Tofuya y me dio consejos: plantar árboles, cubrir las puertas automáticas con tablas negras, pintar el tejado de negro. Cada idea era una manera de ayudar a la posada a integrarse en el paisaje que la rodea.

En 2004 volví a casa, a Onogawa.
Enseguida me topé con un muro. No sabía por qué los huéspedes elegían alojarse con nosotros. No sabía qué hacía especial a nuestra posada.
A partir de ahí, fui buscando la forma de la posada paso a paso. Una posada sin barreras donde los usuarios de silla de ruedas y las familias de tres generaciones pueden alojarse con tranquilidad. Desde 2010, una posada que funciona con el calor de las aguas termales en lugar de gasóleo de calefacción. Y “Gotochi Rakugo”: rakugo local.

El rakugo es un arte tradicional japonés de narración. Un solo intérprete, sentado, da vida a toda una historia con solo un abanico y una toalla de mano.
En Gotochi Rakugo, un narrador de rakugo crea una historia ambientada en Onogawa Onsen. Después, la historia se representa en otras ciudades de todo Japón. Quienes la escuchan empiezan a imaginar Onogawa, un lugar que nunca han visto.
Es la misma idea que tuvo Chonosuke cuando acogía a las goze y dejaba que difundieran el nombre de la posada. Los narradores viajeros llevan la historia de este pueblo muy lejos.

Las respuestas no eran cosas que encontrara en otro lugar. Eran cosas que esta posada y este pueblo ya tenían.
Kagyō: una vocación familiar
En japonés existe una palabra, kagyō. Significa un negocio familiar que se transmite de generación en generación.
En un kagyō, uno no elige su trabajo desde cero. El trabajo ya está ahí, en la casa en la que uno nace.
Lo que se recibe no es solo un edificio, un nombre y sus huéspedes. También se heredan las deudas. Se asume lo bueno y lo pesado, todo junto.

A través de los cambios de los tiempos, cada generación logró de algún modo mantener la posada en marcha. Cada una añadió algo propio a lo que recibió y lo pasó a la siguiente. Servir tofu, acoger a las goze, coleccionar campanillas, hacer la posada acogedora para los usuarios de silla de ruedas: cada una fue la idea propia de una generación.
Un kagyō no lo continúan solo quienes nacen en la familia. Sei, esposa de un jefe de policía, y Shosaku, nacido en una granja de Tochigi, recibieron esta posada y la transmitieron.
Quizá sea una manera de decidir la propia vida que solo existe en Japón.
Heizaburo, que servía tofu; Chonosuke, que reconstruyó desde las cenizas; Yae, que llevó la posada sola; la okami, que coleccionaba campanillas: todos hicieron lo mismo. Recibieron con calidez a las personas que llegaban a este pueblo.

Un ryokan no es un hotel. Es un lugar donde una familia ha recibido a la gente en su tierra, generación tras generación.
Venga a Onogawa y escuche las campanillas. Le estaremos esperando en la próxima página de nuestra historia de siete generaciones.
Nota: la página de reservas está en inglés.